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El desayuno no lo apasionaba, aunque se despertara con hambre. El pan
tostado y la leche tibia más que reconfortarlo lo asustaban. Cada vez
que combinaba el encendedor electrónico con el pase de gas de la hornalla,
sentía miedo. Por eso muchos días ni siquiera lo intentaba.
Después el aburrimiento, en una larga espera hasta la hora en que llegaba
su madre. Siempre igual. Intentaba dejar pasar el tiempo mirando televisión.
Sabía de memoria los horarios, y de tanto consumir programas había visto
la mayoría de ellos. Solo eran novedosos los informativos, pero no los
entendía.
El mundo que giraba en su entorno estaba regido por la palabra entender.
Entender como se enciende la cocina, entender los trabajos en la escuela,
entender los noticieros, entender que era necesario que estuviera solo
de mañana. Y sin embargo, muchas veces no tenía ganas, o simplemente simulaba.
¿Y si se pusiera a llorar y gritar?, ¿si comprendieran que él no había
hecho nada malo?, ¿llegarían a entenderlo?
Eran preguntas sin respuestas. Como tampoco las había para la curiosidad.
Tenía expresamente prohibido subir al altillo. Allí, donde se guardaban
prolijamente cajas y paquetes debidamente cerrados e identificados, estaba
seguro que encontraría muchas cosas que podrían entretenerlo. Incluso
sospechaba que en algún rincón estaría guardada su propia historia. Juguetes
rotos. Algún rastro de su padre. Y sin embargo no podía, "la escalera
es peligrosa" había dicho su madre y el tenía que entender.
Por eso hoy no desayunó, estaba demasiado aburrido y a nadie le importaba.
Como a nadie parecía importarle que su padre se hubiera ido, cargando
sus cosas en una valija que estaba en el altillo.
Se esforzaba en entender que le habría pasado, porqué estaría tan enojado,
porqué dio aquel golpazo en la puerta. Se había ido sin siquiera darle
una explicación. Su madre tampoco. Supo después que sus padres habían
discutido. ¿Tal vez por algo que hice mal?, se preguntaba. No lo sabía.
Pero era grande, ya tenía nueve años y se suponía que debía entender.
Del mismo modo que debería atender rápidamente el timbre. Seguramente
sería su madre regresando del trabajo.
-
¿Que estabas haciendo Javier que no abrías...?
-
Nada mamá, nada..., estaba jugando…
-
Ah…, bueno, entonces vamos a almorzar que se hace tarde para llegar a
tu escuela…y decime ¿a que jugabas mi amor…?
ALBERTO
MAZZINI
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