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Hoy
ando fundido..., y todavía tengo que tomar el 148, cargado hasta la manija
como siempre. Este año me compro un cachilito, total. Pero mejor no, la
flaca se va a calentar, y ya bastantes líos tengo.
El hombre intercambiaba sus pensamientos y con miradas dormidas El frío
de la mañana lo traspasaba, haciendo caso omiso al sobretodo que lo cubría.
En la parada, ocupó mecánicamente su resguardo favorito.
Este ómnibus que no pasa, ya me tiene harto. Otro día que llego tarde
al laburo y me pierdo el incentivo... Ma', si…¡Que se lo guarden!, y sobre
todo el baboso de Guzmán, por alcahuete. Con ese tipo no tengo chance...,
el día menos pensado me hace tirar para afuera..."
Son quince años de caminar la misma vereda, y esperar pacientemente el
mismo ómnibus. Conoce de memoria a sus acompañantes, donde se bajan, con
quienes conversan y hasta si han tenido una mala noche.
¿Que será de la vida de Antonio?, ya debe hacer como un año que lo
echaron...
Un par de vecinos estiran su cuerpo para distinguir a lo lejos si el ómnibus
que viene es el esperado. Con una esperanza instintiva él también los
acompaña.
No, ese no es...Hace 15 minutos que estoy acá y no pasa..., seguro
viene retrasado.
Cuando se mudó para el barrio recién se había casado. No valía mucho la
casa, pero el préstamo no alcanzó para algo mejor. Después se fue habituando
al espacio, y hasta se las ingenió para acomodar en esos pocos metros
cuadrados los dos hijos que tuvo.
¿Los gurises ya deben haber llegado a la escuela?; que bronca me agarré
hoy con ellos... No quería rezongarlo a Javier, pero..., está pasado de
vivo,¡ media hora para levantarse!..., no se dan cuenta que ando muerto.
Y así fueron pasando los años. Entre el trabajo, la casa y algún que otro
domingo futbolero llegó a los cincuenta. Ya no es un muchacho, lo sabe,
pero no piensa en ello. Solo cuando está frente al espejo, o se siente
agitado lo recuerda.
Anoche no pude pegar un ojo por este ardor en el pecho, y el maldito
ómnibus que no pasa... Allá viene por suerte..., lento como siempre...
El calor es sofocante. El espacio entre los pasajeros no existe. Hombres
y mujeres, que se rozan, se miran y se ignoran. Solo el chofer puede respirar
profundamente, concentrado en su tarea.
Voy a tener que ir al médico un día de estos..., pero ya me veo sacando
hora, órdenes, comiéndome una amansadora y arriba soportar a Claudia,
con que no fume, no tome...
El traje riguroso, y una camisa prolijamente planchada asoman por debajo
del sobretodo. Luchan a brazo partido por no arrugarse, al igual que su
dueño.
¡ Que minun!...,¿ me estará fichando?. No..., mejor me dejo de joder,
si me encara tengo que tirarme del ómnibus...Hace calor y nadie abre una
ventanilla.
En las mañanas las miradas se cruzan con aire de indiferencia. Si acaso
una sonrisa de cortesía, o un gesto agresivo de misterioso origen. Son
los trabajadores; de oficinas, fábricas o tiendas. Cada uno con sus arrugas,
con sus peinados y sus olores. Cada uno con su historia.
El domingo voy a llevar a los gurises al estadio; la verdad es que
estuve mal con ellos. ¡Pero Claudia no banca nada!, solo piensa en el
trabajo, y sus amigas...; y en ese imbécil de Raúl "tan inteligente y
compañero". Ya van como tres veces que la arrima a casa... ¿Me estarán
pasando?, voy a tener que abrir los ojos... ¡Uy Dios!, ya me bajo.
Montevideo está gris. El invierno conspira para ello. La lluvia deja triste
a la gente, y en los días en que el sol ilumina la ciudad, una profunda
nostalgia veraniega se instala en las esquinas. Para muchos Montevideo
es eternamente gris.
¡Cuidado animal, no ves que voy cruzando!..., ya llego
tarde otra vez...,¿que le digo a Guzmán?, el verso del ómnibus no me lo
va a creer, y ya enfermé a Claudia varias veces este año..., en fin.
Ya en el Centro, apura y se resiste a caminar las siete cuadras que lo
distancian de la oficina.
Hoy cobramos por suerte..., voy a pagar dos cuotas del Banco, así por
lo menos paro las gestiones de cobro, y al tipo ese que me llama un día
si y un día no...
Y repasa en el camino las distancias que existen entre su casa y el trabajo,
como intentando medir cuantos metros hay entre el cielo y el infierno.
No quise despertarla anoche, pero ¡que mal me sentía!...
Es el sobretodo el que le pesa, viene cargado de jornadas invernales,
por eso está cansado. El camino se le hace cada vez más largo.
Yo tendría que haber seguido estudiando. Hoy sería un profesional,
con escritorio propio, guita, un buen auto, y no tendría que trabajar
en la oficina del gringo. Me enferma estar diez horas en ese quinto piso,
sin aire, sin luz.
Hay días en que ni recuerda si hubo sol, o si llovía. Es la rutina que
se le pega a la piel, y lo ahoga.
¡No me jodan!..., se rompió otra vez el ascensor. Que piensan, che...,
venimos a trabajar no a entrenarnos para el campeonato uruguayo... Estoy
un poco mareado y me duele el pecho, debe ser el cigarrillo..., en las
vacaciones voy a dejarlo.
Cinco pisos por escalera. Toda una proeza para este hombre. Casi una hazaña,
cargar con su vida y su sobretodo, peldaño a peldaño.
Esta linda la flaca. Ayer casi le doy un beso cuando estaba ordenando
el placard...Tendríamos que salir más seguido..., pero ¿con que?...¡Como
pasa el tiempo!, ya van como veinte años que estamos juntos. Todavía me
acuerdo..., yo quería ser arquitecto y ella estudiar arte escénico. Después
formaríamos una familia, con perro y todo. Ahora ni hablamos, corremos
todo el día, rezongamos a toda hora, y cuando hacemos el amor parecemos
dos mimos, en silencio y rapidito que al otro día hay que madrugar. Buen
día… ¿Quién será este botija?..., uno nuevo en fija…
Sube lentamente, midiendo el esfuerzo en cada peldaño. Tiene que seguir,
no puede llegar tarde, no debe llegar tarde. Imagina que se niega, que
regresa a la calle, al aire, al sol. Pero hoy es imposible, es el día
de pago.
Me quieren decir ¡ que carajo! hago yo subiendo esta escalera... ¿Estaré
viejo y sensiblero que tengo ganas de llorar?. Si me viera la gorda Antoniello,
con su onda espiritual diría: "es su karma Sr. Pereira". Flor de ralladura
tiene esa botija..., pero parece feliz, ¿como hará?...Sigo mareado y me
está faltando el aire.
Le quedan dos pisos. El sabe que llegará, y que disfrazará su esfuerzo
y su cara desencajada, como si nada le hubiera pasado, con el trillado
chiste de una noche lujuriosa.
Un piso más y llego... Voy a tomarme un café gigante y seguro se me
pasa... Tengo que llamar a mi vieja, la flaca me dijo que andaba un poco
mal la pobre... Voy a descansar un poco...Que hacés Pepe…, yo bien
¿y vos?…
La puerta de la oficina queda al final del corredor. Esta mañana, miles
al igual que él, se disponen presurosos a recorrer esos últimos metros.
Intentarán llegar en hora a sus puertas e iniciar la jornada.
Son cinco los metros que le quedan para traspasarla, y una vez más duda,
pero el miedo adormece su impulso de volver.
Ya estoy llegando por suerte, pero..., me falta el aire..., el aire...
ALBERTO
MAZZINI
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