Karmas.
 
 
Alberto Mazzini
 
 

Hoy ando fundido..., y todavía tengo que tomar el 148, cargado hasta la manija como siempre. Este año me compro un cachilito, total. Pero mejor no, la flaca se va a calentar, y ya bastantes líos tengo.
El hombre intercambiaba sus pensamientos y con miradas dormidas El frío de la mañana lo traspasaba, haciendo caso omiso al sobretodo que lo cubría. En la parada, ocupó mecánicamente su resguardo favorito.
Este ómnibus que no pasa, ya me tiene harto. Otro día que llego tarde al laburo y me pierdo el incentivo... Ma', si…¡Que se lo guarden!, y sobre todo el baboso de Guzmán, por alcahuete. Con ese tipo no tengo chance..., el día menos pensado me hace tirar para afuera..."
Son quince años de caminar la misma vereda, y esperar pacientemente el mismo ómnibus. Conoce de memoria a sus acompañantes, donde se bajan, con quienes conversan y hasta si han tenido una mala noche.
¿Que será de la vida de Antonio?, ya debe hacer como un año que lo echaron...
Un par de vecinos estiran su cuerpo para distinguir a lo lejos si el ómnibus que viene es el esperado. Con una esperanza instintiva él también los acompaña.
No, ese no es...Hace 15 minutos que estoy acá y no pasa..., seguro viene retrasado.
Cuando se mudó para el barrio recién se había casado. No valía mucho la casa, pero el préstamo no alcanzó para algo mejor. Después se fue habituando al espacio, y hasta se las ingenió para acomodar en esos pocos metros cuadrados los dos hijos que tuvo.
¿Los gurises ya deben haber llegado a la escuela?; que bronca me agarré hoy con ellos... No quería rezongarlo a Javier, pero..., está pasado de vivo,¡ media hora para levantarse!..., no se dan cuenta que ando muerto.
Y así fueron pasando los años. Entre el trabajo, la casa y algún que otro domingo futbolero llegó a los cincuenta. Ya no es un muchacho, lo sabe, pero no piensa en ello. Solo cuando está frente al espejo, o se siente agitado lo recuerda.
Anoche no pude pegar un ojo por este ardor en el pecho, y el maldito ómnibus que no pasa... Allá viene por suerte..., lento como siempre...
El calor es sofocante. El espacio entre los pasajeros no existe. Hombres y mujeres, que se rozan, se miran y se ignoran. Solo el chofer puede respirar profundamente, concentrado en su tarea.
Voy a tener que ir al médico un día de estos..., pero ya me veo sacando hora, órdenes, comiéndome una amansadora y arriba soportar a Claudia, con que no fume, no tome...
El traje riguroso, y una camisa prolijamente planchada asoman por debajo del sobretodo. Luchan a brazo partido por no arrugarse, al igual que su dueño.
¡ Que minun!...,¿ me estará fichando?. No..., mejor me dejo de joder, si me encara tengo que tirarme del ómnibus...Hace calor y nadie abre una ventanilla.
En las mañanas las miradas se cruzan con aire de indiferencia. Si acaso una sonrisa de cortesía, o un gesto agresivo de misterioso origen. Son los trabajadores; de oficinas, fábricas o tiendas. Cada uno con sus arrugas, con sus peinados y sus olores. Cada uno con su historia.
El domingo voy a llevar a los gurises al estadio; la verdad es que estuve mal con ellos. ¡Pero Claudia no banca nada!, solo piensa en el trabajo, y sus amigas...; y en ese imbécil de Raúl "tan inteligente y compañero". Ya van como tres veces que la arrima a casa... ¿Me estarán pasando?, voy a tener que abrir los ojos... ¡Uy Dios!, ya me bajo.
Montevideo está gris. El invierno conspira para ello. La lluvia deja triste a la gente, y en los días en que el sol ilumina la ciudad, una profunda nostalgia veraniega se instala en las esquinas. Para muchos Montevideo es eternamente gris.
¡Cuidado animal, no ves que voy cruzando!..., ya llego tarde otra vez...,¿que le digo a Guzmán?, el verso del ómnibus no me lo va a creer, y ya enfermé a Claudia varias veces este año..., en fin.
Ya en el Centro, apura y se resiste a caminar las siete cuadras que lo distancian de la oficina.
Hoy cobramos por suerte..., voy a pagar dos cuotas del Banco, así por lo menos paro las gestiones de cobro, y al tipo ese que me llama un día si y un día no...
Y repasa en el camino las distancias que existen entre su casa y el trabajo, como intentando medir cuantos metros hay entre el cielo y el infierno.
No quise despertarla anoche, pero ¡que mal me sentía!...
Es el sobretodo el que le pesa, viene cargado de jornadas invernales, por eso está cansado. El camino se le hace cada vez más largo.
Yo tendría que haber seguido estudiando. Hoy sería un profesional, con escritorio propio, guita, un buen auto, y no tendría que trabajar en la oficina del gringo. Me enferma estar diez horas en ese quinto piso, sin aire, sin luz.
Hay días en que ni recuerda si hubo sol, o si llovía. Es la rutina que se le pega a la piel, y lo ahoga.
¡No me jodan!..., se rompió otra vez el ascensor. Que piensan, che..., venimos a trabajar no a entrenarnos para el campeonato uruguayo... Estoy un poco mareado y me duele el pecho, debe ser el cigarrillo..., en las vacaciones voy a dejarlo.
Cinco pisos por escalera. Toda una proeza para este hombre. Casi una hazaña, cargar con su vida y su sobretodo, peldaño a peldaño.
Esta linda la flaca. Ayer casi le doy un beso cuando estaba ordenando el placard...Tendríamos que salir más seguido..., pero ¿con que?...¡Como pasa el tiempo!, ya van como veinte años que estamos juntos. Todavía me acuerdo..., yo quería ser arquitecto y ella estudiar arte escénico. Después formaríamos una familia, con perro y todo. Ahora ni hablamos, corremos todo el día, rezongamos a toda hora, y cuando hacemos el amor parecemos dos mimos, en silencio y rapidito que al otro día hay que madrugar. Buen día… ¿Quién será este botija?..., uno nuevo en fija…
Sube lentamente, midiendo el esfuerzo en cada peldaño. Tiene que seguir, no puede llegar tarde, no debe llegar tarde. Imagina que se niega, que regresa a la calle, al aire, al sol. Pero hoy es imposible, es el día de pago.
Me quieren decir ¡ que carajo! hago yo subiendo esta escalera... ¿Estaré viejo y sensiblero que tengo ganas de llorar?. Si me viera la gorda Antoniello, con su onda espiritual diría: "es su karma Sr. Pereira". Flor de ralladura tiene esa botija..., pero parece feliz, ¿como hará?...Sigo mareado y me está faltando el aire.
Le quedan dos pisos. El sabe que llegará, y que disfrazará su esfuerzo y su cara desencajada, como si nada le hubiera pasado, con el trillado chiste de una noche lujuriosa.
Un piso más y llego... Voy a tomarme un café gigante y seguro se me pasa... Tengo que llamar a mi vieja, la flaca me dijo que andaba un poco mal la pobre... Voy a descansar un poco...Que hacés Pepe…, yo bien ¿y vos?…
La puerta de la oficina queda al final del corredor. Esta mañana, miles al igual que él, se disponen presurosos a recorrer esos últimos metros. Intentarán llegar en hora a sus puertas e iniciar la jornada.
Son cinco los metros que le quedan para traspasarla, y una vez más duda, pero el miedo adormece su impulso de volver.
Ya estoy llegando por suerte, pero..., me falta el aire..., el aire...

ALBERTO MAZZINI

 
 
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