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Amigos
de El Hueco:
Cuando
escribimos un poema podemos dejar que él hable por sí mismo. En cierto sentido
le conferimos autonomía y a la vez, con algo de cobardía de nuestra parte,
dejamos que él se exprese por nosotros. Aquí se abre "el Hueco" o bien en
parte se llena con palabras trenzadas por mí y me siento en el deber de
presentarme. Soy porteña, nacida en 1956. Ambos datos detallan un amor incondicional
por Buenos Aires, y un moldeado, más a golpes que gratificaciones, de esta
generación que integro y de las etapas descarnadas que estamos viviendo
en el país. Estoy casada, soy madre de dos hijos: un varón de 14 y una joven
de 12, y mi responsabilidad doméstica se completa con una perra: Candy.
En lo profesional mi oficio de origen es la arquitectura (soy egresada de
U.B.A.), ejercí como tal varios años pero en la actualidad soy docente en
escuelas medias, tareas de las que no reniego pues siempre es mejor pensar
con carácter aditivo: amigos, amores, oficios se suman y no se reemplazan.
Escribir implica el placer de volcar lo que nos ronda por dentro y darle
cuerpo de palabras. Pero a la vez esta posibilidad de gozo se duplica si
se logra compartirlo. Agradezco a El Hueco la posibilidad de llegar a Uds.
y espero sea esto recibido como un simple pero a la vez valioso nexo para
intercambiar lo que nos va marcando cada día. Les envío mis mejores deseos.
Elisa
Viviana Rezzonico
Mail:
elisarezzonico@elhueco.com.ar
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Sillón
con perro
El sillón obligadamente
debe resultar cómodo,
con ventanal de costado,
azul y nubes desplegados,
casi duplica su valor.
Él con ruido de mordiscos,
con el hocico vigilante,
sus pardas orejas alzadas,
extendido debajo, lo hace
un perfecto, único sillón.
Y el retazo de tarde resbala
sobre la vida que mide nada,
sobre este cuarto que encierra
todo lo mucho que quiero.
Y entonces me confundo y creo
ahora puede ser el simple gozo
de saber que tras mis pasos
están los suyos vacilantes,
están marrones y dulces sus ojos.
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A
Inés
Mi
boca se apoya en tu mejilla
y el beso nace ruidoso, chilla
en su intento de ser extenso.
Se vuelven sobre mí tus locos besos,
y esta media hora de recreo
se confunde con la comùn rutina.
Jugamos sin roles: madre o hija,
somos osas, gatas, panza y caricias.
Y me siento culpable, nada hice
de tanto que ahora me espera,
pero igual aún me ha de esperar.
Tus cortos años, sin quererlo, van
y van pasando,
como me pesás,
como mudamos la charla a nuevos temas.
Cierro los
ojos, siento como el mundo rueda;
entre mis, tus, brazos, el tiempo nos lleva.
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Mis
amores
Con tu rostro reconstruyo
los otros,
rostros que amé y no lo han sabido,
giro en la cama y estás conmigo,
me debato en nuestras carencias
de hoy y sé que estoy contigo.
Cada amor enamorado
que fui, conciente o no,
en absurdo collage se va armando,
se conforma a tu forma
cálida, cálidamente generosa.
Y te amo en el día, en noche plena,
el resto de todo poco me importa,
con el cabello
despeinado,
a contraluz, trasnochado,
jubiloso o casi confundido,
en vos cuesta entender, poco se nota.
Y a la hora de los sueños: sueño,
es tan simple, autónomos ellos
en vos se aúnan, se arrinconan.
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Huida
Me ahueco y te contengo,
casi me redondeo,
piel contra la piel en gesto
de negar la materia,
negar tanta locura,
un volumen es suma
de dos cuerpos, tu torso
refugio y en este abrazo
creo que me escondo,
me fundo y me confundo,
me niego a volver,
nos agrede el mundo,
amémonos largamente,
aferrados, inocentes.
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Humaredas
La locura humana
se desenvuelve
y en espiral rodea a los días,
con sus volutas de horror y muerte fagocita huesudas, concretas gentes
y hace de ellas: agua de llanto,
polvo y nubes de espanto.
Llueve mansamente mi ciudad
su garúa balsámica de marzo,
llueven misiles, desolado, crudo Bagdad,
la locura humana desenvuelta
gira en brumas de dolor desde la tierra.
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Proyección
- Irak/03.
Una línea, tan
simple y tan sola,
simulando no curvarse, una forma
inalcanzable para estos humanos
que nos interrogamos, vivimos simplemente.
Estás a kilómetros y hay esa misma, tenue
marca en la que el sol se sumerge,
entonces bebemos a gotas este sentirnos
algo escaso en el abismo de la noche.
Una línea que preside vanidades torpes,
glorias efímeras, farsas sociales, rostros,
una línea, y nuestra desolada huella es nada,
un trazo quebrado a humos de batallas.
Estoy distante, crédula, horrorizada
pero distante, cuánta incordura, insomne
es, será esa línea: un único horizonte
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Desdudo
Desfondo las dudas,
las hilachas de ideas
que van a remolque, todo cuesta:
no pensar, tal vez, pensar demasiado.
Y a veces logro viajar a costado
de cada problema, y el sol
se despliega y me seduce a color,
y extrañarte dulcifica las horas,
y recordar instala impulsos, corta
sueños y los remonta en alboroto.
Claro, ellas están, yo las desfondo,
zurzo dudas, las emparcho, y regreso,
no puedo olvidar que vivir es tan solo esto.
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Pronóstico: años
de lluvias
Y la lluvia fina,
persistente,
diluye luces, claridades;
esta lluvia insoportable,
tensamente entrometida
invade los humores y los días. Llovemos nosotros: los frustrados
planes se estrellan con los años
contra la pared de realidades,
estrellamos ilusiones, y a gotas
ellas caen como garúa ahora,
sobre: tardes, calles y la ciudad
gris, total, ciudad interna,
almas nuestras, ciudad toda.
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Ciudad
desposeída
Ciudad a filo de
un río,
tan desposeída de él,
esta tristeza nos invade, tal vez
una entre tanto que se nos ha negado,
no ver tu horizonte en calma,
su marrón nevado a garúa,
ahogado a sol, breve espuma
contorneando formas y orilla.
Ciudad golpeada, acá estamos
también rasgados de engaños
y aún creyéndonos invencibles,
crédulos, tristemente crédulos,
el río nos acuna y nos espera,
es quien canta a la tristeza,
las resecas historias se desahogan,
deshojan ,desmigan, se desfloran.
Ciudad, dolor y río: ¿cuándo
renaceremos de este ahora?.
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Calles
porteñas
El sol se posó en
las ramas
transfigurado en verde nuevo,
la calle es ondulante mancha,
disfraza miserias y casi el alma cree estar alegre, lucir lavada,
abierta a los cotidianos sueños.
Vientos en verde,
en marea alta,
abajo anochecen los cartoneros, pasan.
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Anticipo
Olor a lluvia, bálsamo,
caricia,
la tierra anticipa al agua en brisas
que refrescan el alma, los cuartos.
Huelo, percibo, huelo y me embriago.
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