Reapertura de salas cinematográficas
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Vuelta al barrio
(Nota del 11 del 3 de 1998. La Maga)
LEONARDO M. DESPOSITO

En los últimos años, los barrios han perdido sus cines. Gracias a un proyecto del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, mediante su Dirección de Promoción Cultural, algunas salas que permanecieron cerradas o arrendadas para otras actividades volverán a funcionar como cines, representando a su vez una alternativa al circuito comercial. Incluso, podrían llegar a albergar un futuro festival de cine experimental.
En esta entrevista, Cecilia Felgueras, responsable del proyecto, explica cómo se llevará a cabo y cuáles son sus objetivos.

-Cómo se desarrolla el proyecto de recuperación de cines de barrio?
El proyecto se apoya en varios puntos. Uno de los principales es el del relevamiento: hay personas trabajando en coordinación, básicamente, con los centros culturales de cada barrio, para saber cuáles son los cines pasibles de ser reabiertos.

-¿Pueden reabrirse muchas salas?
Desgraciadamente, hay cines que se convirtieron en supermercados, con lo cual es imposible recuperarlos. Otros se han convertido en bailantas, de modo que es muy difícil desde lo económico hacer una propuesta para reconvertirlos en cine, y hay muchos que directamente ya no existen.

-¿Qué pasa con los que se han convertido en templos?
En algunos casos son fáciles de recuperar; en otros, no, básicamente por una cuestión económica. Cuando un dueño de sala recibe un alquiler muy sustancioso resulta imposible hacer una contrapropuesta. Después de todo, es una propiedad privada. En ese marco, lo que nosotros tenemos registrado son doce cines.

-¿Y cuántos de éstos van a reabrirse?
Nuestro objetivo de máxima, durante el 98, son seis salas. Tenemos alguna certeza, con fecha tentativa de reapertura para el mes de mayo, de los cines El Progreso, de Villa Lugano, y Oliden, en Mataderos. Básicamente, lo que a nosotros nos interesa es trabajar sobre la zona sur y la zona este de la ciudad, porque son aquéllas donde la posibilidad de que la gente vaya al cine está ausente.

Las salas de barrio eran una institución tan popular como los clubes de fútbol, ¿existe la intención de devolverles ese poder de convocatoria?
Sí, por supuesto. Por ejemplo, el cine de Lugano fue creado por la asociación vecinal El Progreso, que se fundó en 1913 y colaboró mucho con la actividad cultural de la ciudad. Ya en el 35 decidieron crear un cine y en el 45 lo trasladaron adonde se encuentra ahora, en la calle Murguiondo y avenida Riestra. Allí lo administraron hasta la década del 80, cuando tuvieron que cerrarlo por cuestiones económicas. Unos años después se lo alquilaron a un pastor del culto evangélico. Actualmente el contrato está vencido, y además este pastor encontró otro lugar y no tiene intención de seguir arrendando el lugar.

-Una situación sencilla de resolver.
Claro. Además, los barrios tienen acuerdos sociales muy fuertes. En este caso, por ejemplo, este pastor ayudó a los vecinos a cuidar la sala. No es una situación violenta: el pastor se traslada a otro lugar, el Gobierno de la Ciudad hizo una oferta y entre el Gobierno y la Sociedad de Fomento vamos a reabrir el cine.

¿Cuál es el papel del gobierno en el proyecto?
En este caso, el gobierno se hace cargo de la remodelación del edificio, que cuesta entre 48.000 y 50.000 pesos. El cine en sí está bien: tiene todas las butacas completas, la cabina de proyección está intacta, así como los baños y la boletería. A todo le falta un poco, pero es una obra que nosotros podemos afrontar.

¿El aporte del gobierno es en calidad de crédito o de subsidio?
En realidad, es un convenio para la reapertura del cine. En cada caso nosotros pensamos formas juridicas que se ajusten a lo que queremos hacer. En éste en particular, la obra la va a realizar la Dirección de Obras del gobierno con personal propio y esta dirección pone los materiales. Es un acuerdo de arreglo de ese lugar que tampoco es una inversión demasiado grande. La idea es trabajar el cine con los vecinos, ponerlo en marcha y programarlo con ellos. Lo que pide la Asociación de Fomento es que lunes, martes y miércoles se dedique a actividades comunitarias. Los jueves vamos a hacer una sección de cine experimental y de vanguardia; viernes y sábados una propuesta más parecida a lo que sería un cine comercial, pero cuidando muchísimo la calidad de lo que proponemos, porque hay una responsabilidad del gobierno en esto, y los domingos, cine infantil.

-Uno de los grandes problemas del circuito comercial es que, a pesar de haber cada vez más salas, los filmes que se exhiben son muy pocos.
Abren estos cines de barrio un espacio para las películas que no llegan a salas más comerciales?
Nosotros ni queremos ni debemos competir con el circuito comercial. La idea es tener una programación alternativa, crear circuitos de estreno de cortos y mediometrajes nacionales, que se están produciendo en cantidad y no tienen lugar donde exhibirse. En fin. La idea es que, en el futuro, alguien diga, por ejemplo, "voy a ir al cine El Progreso de Lugano porque me interesa mucho lo que dan y lo dan sólo ahí.

-Lo que implica crear un circuito alternativo.
Así es. La idea en este marco es abrir muy fuerte las puertas de este cine. Por eso acordamos con los vecinos que todo el primer año la entrada sea libre y gratuita. Así, si a alguien le gustó lo que vio el viernes, puede volver a ir el sábado. La cuestión es recuperar la tradición del cine continuado. Para el segundo año proyectamos una entrada de 2 pesos, como para mantener la sala. Mientras tanto, vamos a poner un bono contribución para que quien quiera y pueda contribuir lo haga. Además, si con un bar que la Asociación de Fomento piensa poner y con una pequeña librería se consigue que el proyecto sea un poquito rentable, nosotros nos retiramos. Queda para ellos, y nosotros nos vamos a ayudar a otro lado. En caso contrario, el Gobierno de la Ciudad lo va a seguir sosteniendo. Por eso planteamos hacer reuniones periódicas y realizar evaluaciones para decidir cómo sigue el proyecto.

-¿Hay algún tipo de apoyo por parte de empresarios privados?
En este momento Metrogás se está ocupando del tema de la calefacción, porque, aunque parezca increíble, a esa manzana no llega el gas. Otro de los problemas es que los proyectores del cine son antiquísimos y es necesario un reequipamiento. Hay una empresa que va a actuar de patrocinadora para llevarlo a cabo. El equipamiento del cine va a ser absolutamente austero, pero si lo tenemos bien calefaccionado, con un buen sistema de proyección y acondicionado en términos edilicios, estamos en condiciones de abrir las puertas.

-¿Estas salas pueden ser también espacios para mostrar lo que hacen los estudiantes de cine?
Es un espacio interesante para que los estudiantes de cine puedan mostrar lo que hacen. Yo valoro mucho la tarea que está llevando a cabo la Universidad del Cine. De hecho, ellos nos están asesorando en cuanto a la programación. Tenemos que tener una relación estrecha con los espacios de producción, porque es una de las posibilidades de desarrollo de este proyecto.

-¿Hay interés por parte de los distribuidores para presentar material en estas salas?
En ese aspecto las cosas todavía están por definirse. Lo que es concreto es que los distribuidores se han acercado y han ofrecido el material, porque les parece una propuesta atractiva. Va a haber una presencia fuerte de cine nacional, pero también incorporaremos toda la producción internacional que podamos. Además, nos han ofrecido apoyo y material los coleccionistas y las embajadas.

-Lo más importante sería encontrar una salida para una producción que habitualmente no se ve.
Yo creo que una de las claves es el cine experimental e independiente. Si nos animáramos -y no estoy haciendo un anuncio, pero casi- a hacer un festival de cine experimental en Buenos Aires, tendría vitalidad en términos de lo que es la producción de imágenes hoy. Por otra parte, creo que es interesante tratar de entender qué es el cine. Por supuesto que el cine es Titanic, pero también el cine tiene mucho que ver con lo que es la evolución social y cultural de nuestro siglo. Es el fenómeno artístico y popular más importante del siglo XX. El cine ayudó, por ejemplo, a que se aceptara la inmigración en países como el nuestro, a aceptar lo distinto, a aprender a tratarse. El cine cumplía una serie de funciones sociales que hoy quizá no estén tan claras, cuando una sala se ubica en un shopping donde, de alguna manera se olvida ese papel social del séptimo arte. Esta iniciativa tiende a recuperarlo. Cuando se reabre una sala en un bardo reaparecen una memoria social y cultural y saberes que parecían desaparecidos para siempre.

 

 

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