Carnaval
del Uruguay
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Por
Alberto Mazzini
(Uruguay)
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Informe
carnavalero 5 |
Compartiendo
sensaciones y el trabajo de algunos amigos, les envío un nuevo
informe, desde esta orilla para todas las orillas,
El Beto Carnavalero.
EN
EL CAMIÓN DE LA CONTRAFARSA
De puro Contra, nomás!!
11.02.2003
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Arriba
del camión de la Contrafarsa, última "campeona" del
Carnaval uruguayo, recorrimos a cara pintada toda la
preparación de esta murga en su interna misma. A marcha
camión!!!
El
director de la Contra,
el Pitufo Lombardo
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20:00
hs. Avda Sayago y Tacuabé
En una casa abandonada, con las puertas abiertas de par en
par, y quitando así todo el misterio que se podía llegar a
crear en mi, llegué al punto de encuentro de la murga Contrafarsa.
Unos se pintaban con espejitos de mano, mientras otros hacían
uso de un viejo espejo oxidado. Con suma timidez entré a la
casa y sólo recibí saludos de gente que apurada caminaba por
el lugar y que no tenía ni la menor idea de quien era yo.
Pregunté por José Luis (más tarde me lo presentaron con su
nombre oficial: El Lechuga) y así le expliqué que iba a cubrir
una noche con la murga. "Perfecto" fue su respuesta. Sebastián,
el otro manager de la murga hizo la presentación formal: "Muchachos,
él va a viajar esta noche con nosotros y va a cubrir los tablados".
"Hoy tenemos bautismo", gritó uno, a lo cual le siguieron
un sin fin de "halagos y bellas palabras de bienvenida".
Hablando ya con uno de los muchachos, me dijo que ese lugar
era una casa abandonada (pegada a la Biblioteca de Sayago)
que ellos mismos reformaron para ensayar y juntarse, y que
están en tratativas para que les den el permiso para hacer
de ese espacio una casa de cultura para la gente del barrio.
Algo más que una murga de verano, ¿no? La idea la están peloteando,
pero las ganas existen. Más sobre la hora de la partida, varia
gente de la cuadra se acercó a despedirlos...
20:50
hs. Salida hacia el Defensor
Me senté en el medio del bondi. Como toda bañadera de amigos
la distribución es siempre igual: los quilomberos al fondo,
los más tranquilos al medio y adelante "los que mandan". La
verdad era todo un caos. O por lo menos así lo era para mis
ojos. No podía creer que, en menos de 20 minutos iban a subir
a un escenario y todavía no se había hablado nada sobre lo
que iban a hacer.
En eso veo al "Pitufo" Lombardo que se sube, agarra su guitarra
y sin levantar la voz, dice: "Vamos con Blades". Cada uno
de los murguistas, unos pintándose todavía, otros con el traje,
otros haciendo el mate, empezaron a calentar las gargantas.
Las bromas fueron dejadas de lado, ahora había que prepararse.
Pero lo grandioso fue ese código, que todos respetaron como
ley: en el momento de practicar, se practicaba... Eso es dedicado
para aquellos que pensábamos que el camión de la murga es
sólo diversión...
Hubo un repaso de letras, algunos cambios y en cuestión de
media hora se finalizó. El "Pitufo", sin levantar la voz,
planteó que cuplés harían en cada tablado. Cada uno expuso
su punto de vista, unos ganaron y otros cedieron, pero en
cinco minutos se había finiquitado la mini discusión entre
ellos. No hubo enojados, ni largas trompas. La decisión, por
más que surgió de una parte, pasó a ser de la murga toda.
Y todos tiraron para el mismo lado... ¿vaya ejemplo para "otras
murgas" que actúan en el escenario del Uruguay?
21:30 hs. Tablado del Defensor Sporting
Se vieron los primeros rayos, aunque nunca hubiésemos pensado
un final así. Una vez arriba del escenario, la cosa Uds. ya
la conocen, es una de las mejores murgas de nuestro país,
ganadora de la última edición del Carnaval uruguayo. La presentación
en el Defensor venía espectacular, ellos se notaba se venían
divirtiendo, pero la función se debió suspender. Un fuerte
viento casi derriba el escenario sobre los murguistas en lo
que hubiese sido una fatalidad.
"La Contra es una murga que apuesta al espectáculo" sentí
por ahí. Dicho y hecho. Sin importar la lluvia, la pintura
y los trajes, la murga quiso terminar lo que había empezado...
Así, en plena calle 21 de setiembre y bajo un fuerte diluvio,
las voces empezaron a sonar más fuertes que nunca, sin micrófonos,
sin amplificadores, sólo garra... y la gente no se movió.
Una vez saliendo hacia Malvín, el próximo destino, tuve mi
segunda sorpresa de la noche. Pensaba que si bien es feo dejar
un escenario así, también se sentirían un poco aliviados al
tener esa noche de descanso. Más aún cuando el teléfono del
Lechuga sonaba para anunciar la suspensión de los otros tablados
debido a la fuerte tormenta. Pero no fue el sentimiento que
reinaba en el ómnibus. Al igual que cuando a un niño se lo
corta en el medio de un juego para que vaya a dormir la siesta,
estos señores realmente no querían dejar de jugar. Se estaban
divirtiendo tanto, que pese a las cómicas caras pintadas,
no podían disimular su desilusión.
Lo que siguió fueron más suspensiones, así que me experiencia
en el ómnibus de la Contra finalizó por allí. Una lástima,
pero no dejó de ser una experiencia inolvidable para mi.
Algunos Datos
Tuve la suerte de charlar en un ratito con uno de los murguistas,
quien me reveló cosas importantes a saber. Estos muchachos
trabajan muy temprano a la mañana. Algunos se toman la licencia
en estas fechas, pero en su gran mayoría, se acuestan a las
4 para dormir sólo tres horas. Apenas salen del trabajo, se
van a ensayar o a arreglarse los trajes. La única energía
que les queda es el amor al carnaval y esa entrega para con
su compañero de murga. Estos murguistas se pueden definir
como amigos de barrio. Vecinos con una pasión en común. Creí
necesario contar esto porque es algo que normalmente no se
ve desde abajo del escenario.
La
Retirada
Finalmente me queda agradecerles a todos los que ayer me recibieron
en ese camión, con sus "bellos halagos" y "sutiles" bromas.
Realmente me sentí muy bien paseando con un grupo de dementes
en busca de diversión. Pude ver el otro lado de la careta.
El que pocos conocen. El de los nervios, las bromas, las discusiones.
Y así, viviendo tan sólo una noche de carnaval, comprobé que
para hacer esto todas las noches, hay que ser un "murguero
de ley". De verdad, muchas gracias.
Por
Juan Queijo
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