CARNAVAL

 




EL CANDOMBE.
PANORAMA DE LA MUSICA AFROURUGUAYA

Olga Picún
Instituto de Investigaciones Estéticas

Las Sociedades de negros y lubolos surgen, según el musicólogo uruguayo Lauro Ayestarán, en el último cuarto del siglo XIX.
En la actualidad estas comparsas están conformadas, fundamentalmente, por gente del barrio, personas allegadas a los directores y a veces por profesionales que son especialmente contratados para llevar a cabo alguna función específica, por lo general vinculada con la música. A excepción de estos últimos, la mayor parte de los integrantes de la comparsa desempeñan más de un rol. La preparación y realización del espectáculo constituye una tarea comunitaria donde cada uno realiza su aporte de acuerdo con sus posibilidades o talentos. Tradicionalmente la comparsa está compuesta por los siguientes elementos:

Los emblemas, salvo el estandarte, son llevados por los integrantes de la comparsa que en el espectáculo se desempeñan como coristas, utileros, etc.:
- El estandarte que lleva el nombre de la comparsa.
- Enormes banderas con los colores de la comparsa.
- Los trofeos, la estrella con cinco puntas y la medialuna.

El cuerpo de baile:
- El Escobero, personaje que realiza malabares con una pequeña escoba y que simboliza, entre otros, al maestro de ceremonia de los antiguos candombes que llevaban a cabo las naciones.
- Una o más parejas de Gramilleros y Mamas Viejas; también procedentes de los antiguos candombes. Ambos están asociados a la figura de los antiguos reyes, y el Gramillero, a su vez, a la del médico brujo de la tribu, de ahí su nombre.
- La o las vedettes acompañadas generalmente por un bailarín, se incluyeron en la comparsa hacia la década del 50. Muchas veces estos integrantes actúan como solistas en los espectáculos de carnaval. - Las bailarinas, que además actúan como coristas en el espectáculo.

La cuerda de tambores, encabezada por un jefe de cuerda, varía entre 20 y 80 integrantes, aunque puede llegar a 100 en los desfiles. Los tamborileros, además, actúan como coristas, ya que durante la mayor parte del espectáculo aparece en escena sólo una pequeña cuerda de tres (chico, repique y piano) o cuatro tambores (chico, dos repiques y piano), que incluye al jefe de cuerda.

Los instrumentistas, los solistas y el narrador. Además de los tambores, las canciones son acompañadas por algunos de instrumentos como teclados, guitarra y bajo eléctricos y alientos de metal.

El equipo de producción: Coreógrafo, encargado de vestuario y maquillaje, escenógrafo, utileros, etc. Libretista, letrista, compositor, arreglista.

Los directores de la comparsa, que además pueden ser jefe de cuerda, vestuarista, coreógrafo, libretista, etc.
Como ya se dijo, la llamada de tambores en el ámbito barrial y el Certamen de Agrupaciones Carnavalescas constituyen los dos aspectos tradicionales del candombe. Sin embargo, su inserción en el medio sociocultural ha ido más allá de estos espacios, por la incursión de compositores de las vertientes popular y culta en el campo de la música afrouruguaya. Son innumerables los músicos populares que desde hace varias décadas han explorado el terreno del candombe como compositores y/o intérpretes, entre ellos se destacan Pedro Ferreira -como uno de los precursores, hacia 1950-, Alfredo Zitarrosa, Eduardo Mateo, Manolo Guardia, Cheché Santos, Rubén Rada, José Carbajal, Hugo y Osvaldo Fattoruso, Urbano Moraes, "Canario" Luna, Jaime Roos, Jorginho Gularte, Mariana Inglod, el dúo Los Olimareños y los grupos Bantú, Repique y La escuelita. En la mayoría de estos músicos se destaca un profundo conocimiento del candombe, seguramente derivado de su acercamiento o participación en esta cultura.
En lo que respecta a la denominada música culta, algunos compositores han incluido o pretendido incluir el ritmo de los tambores en sus obras, o las han nombrado "candombe" -aunque no siempre se reconocen como tal- u otros títulos que aluden directamente a esta música. Algunos de ellos son Carlos Giucci y Luis Cluzeau Mortet, con las obras Candombe (1928) y Tamboriles (1952) para piano, respectivamente, que difícilmente se pueden asociar al candombe. Jaurés Lamarque Pons, por su parte, es autor de la Suite según Figari (1952) para orquesta, una obra importante dentro del repertorio del siglo XX, que incluye a una cuerda de tambores en la última parte titulada precisamente "Candombe". Pertenecientes a la nueva generación de compositores, caracterizada por un acercamiento más auténtico a, la cultura afrouruguaya, se encuentran Álvaro Carlevaro, con la obra orquestal Intramuros (1987), y Luis Jure, que en el campo de la música electroacústica realizó Eyeless in Gaza (1992).
También las artes plásticas se han nutrido del candombe, fundamentalmente a través de dos figuras de gran relevancia en este terreno, una por su maestría y otra por los vínculos que estableció con varias familias de candomberos, como Pedro Figari y Carlos Paez Vilaró, que en distintas épocas y con estéticas y técnicas muy diferentes han contribuido a la trascendencia de la cultura del tambor. En este mismo ámbito de las artes visuales el conocido caricaturista Arotxa ha plasmado con acierto tanto a destacados personajes de este medio, como a escenas relacionadas con el tambor, en las cuales se observa todo el movimiento que las caracteriza.
Aunque es innegable la trascendencia del candombe como factor de identidad de los uruguayos, este hecho no se aprecia en el número y en la profundidad de los estudios que los investigadores le han dedicado al mismo. La ausencia, hasta hace poco años, de trabajos analíticos, así como la falta de un archivo de grabaciones de calidad y de documentos gráficos, nos ha dejado en una profunda ignorancia al respecto durante décadas. Este es un ejemplo del desfase que existe entre la musicología -no solo la uruguaya- y los elementos relevantes que conforman la cultura de los pueblos.

 
 


 

 


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Buenos Aires - Argentina - 2002
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